Política

El último día de Cristina Kirchner como presidente y la razón por la cual no le entregó el bastón a Mauricio Macri: “Le dije que no me gritara ni me maltratara”

La tapa del nuevo libro del periodista Luis Gasulla

Quiero decirles con respecto a lo que dicen ustedes, con este estado de las cosas, todos los argentinos estamos un poco en libertad condicional. Cristina Fernández de Kirchner en su despedida ante una multitud. Plaza de Mayo. 9 de diciembre del 2015.

La enorme bandera roja del partido Miles de Luis D’Elía tapaba la visión de una mujer desesperada por verla. La profesora universitaria era oriunda de La Plata como la oradora. Era su debut en un acto político. El ambiente parecía el de un recital de rock. Cuando salió, vestida de blanco como la pureza que, para la mitad del país no había tenido su gobierno, la docente pensó que era el instante más feliz de su vida. Se había enamorado, casado, tenido hijo y estaba orgullosa de su éxito profesional pero nada la llenó tanto de alegría como aquel momento con su líder. A la docente, la intenté comprender pero no pude. Al igual que la locura, la fanática de Cristina, no podía explicar lo que pasó ese último día del gobierno kirchnerista. Nacía el mito de la resistencia. Millones empezaban a “resistir con aguante” y a atacar a los que “militaban el ajuste” macrista. Cambiemos no tendría ni un solo día de paz con el kirchnerismo como principal fuerza opositora. Parecían no comprender lo que implicaba la alternancia democrática.

“Si esto no es el pueblo, el pueblo donde está” gritaba la multitud enfervorizada por la presencia de su líder. Luego de la victoria electoral en balotaje del 22 de noviembre del 2015 por una diferencia mínima de 2,6% contra Daniel Scioli, Macri no había logrado convencer a Cristina Kirchner que le entregase los atributos en Casa Rosada como marcaba la ley. Es que, desde la asunción de Eduardo Duhalde, luego del agitado diciembre del 2001, el pase de mando se realizaba en el Congreso de la Nación. Lo que no recordaban los kirchneristas es que Duhalde había sido elegido por el Parlamento y no por el voto popular. Hubo un encuentro para coordinar los detalles de la entrega del poder en el que Macri ingresó contento a la Quinta de Olivos y se retiró pálido sin hacer declaraciones a la prensa. Macri sólo dijo que “la reunión no valió la pena” y que la transición no existiría pues Cristina se había negado a que se reuniesen sus funcionarios con los del futuro gobierno de Macri.

Nadie sabía los números reales de la economía ni cuántas reservas disponían en el Banco Central. En ese momento, los asesores de Macri le aconsejaron que judicializara la cuestión por su futura seguridad: “Nos van a vaciar los cajones de los escritorios, se van a llevar lo poco que queda del Banco Central y que no te extrañe que nos dejen hasta un muerto escondido” le decían. La jueza federal María Servini de Cubría hacía lugar a la cautelar presentada por el macrismo y determinaba que el mandato de Cristina se terminaba el último segundo del 9 de diciembre del 2015.

La versión de Cristina parecía novelesca. Lo relató en su libro “Sinceramente”: “Debía despedirme de los argentinos antes de las doce de la noche del 9 de diciembre para no convertirme en calabaza, como les dije esa tarde en la Plaza. Era imposible hacer comprender a una prensa desesperada y dispuesta a que mi salida ocurriera en medio de una crisis, que lo que estaban haciendo era inconstitucional. Habían transformado un acto político democrático esencial en una comedia de enredos al conseguir que la jueza María Romilda Servini de Cubría le otorgara a la alianza Cambiemos, que había ganado las elecciones presidenciales en noviembre de 2015, el deseo de echarme del gobierno un día antes”.

La autora del bestseller no omitió detalles de su encuentro con Macri, previo a su asunción, deslizando que el futuro Presidente era un adicto a la cocaína y, por si fuera poco, un hombre violento: “Sin embargo, tardó un buen rato porque lo primero que hizo, antes de verme, fue ir al baño. Le pregunté a Mariano, mi secretario: ¿Y, dónde está? “En el baño”, me dijo y se encogió de hombros. Cuando me dio la mano sentí que estaba muy tenso, duro. Casi no hablaba y me miraba muy fijamente hasta que me dijo, como si fuera una orden: “Usted tiene que entregarme el poder en la Casa Rosada”. “No”, le contesté”. A fines del 2015, el movimiento feminista en la Argentina estaba floreciendo. El movimiento “NiUnaMenos” había nacido al calor de la indignación de jóvenes periodistas argentinas que no eran indiferentes a los femicidios.

Durante el macrismo, ese espacio apolítico sería cooptado por el kirchnerismo más reaccionario convirtiéndolo en un nuevo ámbito de inscripción a un modelo político partidario cuya referente era la ex Presidenta. La propia Cristina calificaría de “machirulo” a Macri en las redes sociales. En el 2019, relató una supuesta comunicación telefónica antes de dejar el poder con el ex presidente de Boca Juniors: “Gritaba y me culpaba de querer arruinarle la asunción. Yo no entendía qué había pasado y le dije que no me gritara ni me maltratara. Se puso más violento todavía hasta que finalmente no me quedó más remedio que cortar la comunicación, no sin antes decirle que no estaba dispuesta aguantar ese maltrato y que ya iban a llamar a sus colaboradores desde la Secretaría General de la Presidencia”.

Para Cristina Kirchner, entregar los atributos presidenciales como sucede en cualquier país democrático, era una especie de sumisión, “un acto de rendición” como sintetizó en su libro autobiográfico. Era una manera de decirles a sus seguidores que el gobierno de Macri no formaría parte de la historia democrática de nuestro país sino que era una página oscura, dictatorial, ilegal e ilegítima de la Argentina. El 10 de diciembre del 2015, se le declaraba la guerra al “impostor” Macri que había engañado a la ciudadanía por la complicidad de los medios de comunicación, la prensa servil y los sótanos de la democracia en los que deambulaban fiscales y jueces de Comodoro Py. Pocos lo supimos entender al escucharla ese 9 de diciembre en Plaza de Mayo. Algunos comunicadores hablaron de despedida. Estaban equivocados. La docente militante que gritaba y lloraba como una desaforada ante las palabras de la líder, en cambio, entendió lo que venía…

“Quiero decirles que después de 12 años y medio, con todos los medios de comunicación hegemónica en contra –miles de personas silban- si después de –”el que no salta es de Clarín" grita la masa uniforme ante el silencio de la oradora-, si después de estos 12 años y medio con las principales corporaciones económicas y financieras nacionales e internacionales, en contra, si después de 12 años y medio de persecuciones y hostigamiento permanente de lo que yo denomino el Partido Judicial, -nuevamente silbidos masivos- si después de -"hijos de puta, hijos de puta", si después de todo, de tantos palos en la rueda, de tantos golpes e intentos de golpe destituyentes –a Cristina se le quiebra la voz- de tantos ataques, persecuciones, difamaciones y calumnias, podemos estar aquí, dando cuentas al pueblo –la masa aplaude – imagino -baja el tono de voz- si con tantas cosas en contra, hemos hecho tantas cosas por los argentinos, imagino cuánto podrán hacer los que tienen todos estos factores a favor, tengamos, tengamos, mucha fe y mucha esperanza que no nos agobien, tengamos la inteligencia de saber que seguramente van a poder hacer las cosas porque lo tienen todo a favor, mucho mejor de lo que hemos hecho nosotros. Pero además espero que podamos gozar – se ríe- espero que todos los argentinos puedan gozar, además de las conquistas sociales, del progreso económico, de los logros que han tenido los trabajadores, comerciantes, empresarios, artistas, científicos, en esta Argentina en que hemos llegado, en el último trimestre, al 5,4% de desocupación batiendo récord histórico, aspiro que además de más escuelas, que además de más hospitales, que además de más facultades, más laboratorios, más vacunas, más jubilaciones, más aumentos, más paritarias, más fábricas, comercios, empresas, aspiro que, además de todo eso, tengan la misma libertad de expresión que han tenido como nunca en estos 12 años y medio; -la masa grita “678”- espero una Argentina sin censuras, espero una Argentina sin represión, espero una Argentina más libre que nunca porque la libertad de que hemos gozado los argentinos, y esto no es una concesión por favor…"

“Nosotros vamos a entregar el gobierno –me hubiera gustado poder hacerlo en el Congreso- me hubiera encantado pero bueno –”nos echaron" le gritan en complicidad- ustedes saben que antes de ser Presidenta –"Macri sos cagón, Sos cagón, sos cagón, Macri sos cagón" aturde la masa a una Presidenta que escucha el grito de guerra sin pedir silencio- antes he sido, desde el año 1989, legisladora provincial y luego nacional, -"Macri compadre, la concha de tu madre", insiste la multitud mientras, ahora sí, Cristina levanta la mano para frenar los insultos- pero bueno la verdad que he visto muchas medidas cautelares, contra la ley de Medios, contra decretos del Poder Ejecutivo, pero les puedo asegurar que en mi vida pensé que en mi país iba a haber un Presidente cautelar durante 12 horas –“Procesado” grita la multitud, en alusión a Mauricio Macri-. Quiero decirles con respecto a lo que dicen ustedes, con este estado de las cosas, todos los argentinos estamos un poco en libertad condicional y la verdad, la verdad que, tenía la esperanza, tenía la ilusión, de que alguna manera se comprendiera lo importante que es para un Pueblo, para una democracia que realmente, más allá de las diferencias políticas, lo más importante es demostrarle el respeto por la voluntad popular. Voluntad popular que no se agota en la última elección, que también se expresa hace cuatro años, cuando nos eligieron. Por eso también pienso, en el fondo, ¿por qué esta suerte de cosas que parecían que nunca íbamos a ver? Ahí me acordé de algo que dije hace unos días, en La Plata, en Berisso, me acordé lo que había dicho, que mientras nos enroscamos en discusiones banales y triviales –aunque realmente violentar la Constitución y poner un presidente por decreto, es una cuestión un poco más gruesa, no es banal- si nos enroscamos en la banda o el bastón, nos siguen pasando elefantes por atrás".

“Mientras tanto comienzan a surgir los primeros problemas que es fundamentalmente, los problemas que vive la gente, de los precios, a partir de declaraciones, acciones, no hay que enojarse con alguien que dice que especula, porque si va a tener que reponer algo que está a 10 y pasa a 40, es natural que no quiera vender, tenemos la obligación de ser más maduros, porque amamos a la Patria profundamente, creemos en el Pueblo, creemos en lo que hemos hecho, y como creemos en lo que hemos hecho, tenemos que tener la actitud positiva para ayudar a que esas cosas no puedan ser destruidas. Quiero decirles a todos y a todas, que se mantengan unidos los argentinos porque –miren que no puedo hablar mucho porque a las 12 me convierto en calabaza-…”

Cristina, en pocas palabras y ante una multitud incondicional, les marcó el camino de la resistencia y condicionó al futuro gobierno. Descubría, luego de años de ocultar cifras y datos oficiales, la inflación, la inseguridad, la pobreza y la desocupación. Ahora, los precios de los alimentos, sí debían preocupar a la gente. Nunca antes lo había mencionado. En diciembre del 2015, Ella como los artistas K, referentes de organismos de derechos humanos y todos los que habían endiosado la “década ganada” descubrían los males que nos aquejaban a los argentinos. Nacía la “micromilitancia”.

El objetivo era hacerle entender al votante de Macri que se había equivocado. Para eso había que instalar la idea de caos social, crisis económica en un contexto de censura y persecución al opositor. Había que llenar los magazines televisivos de noticias petardistas, coparlos de panelistas que atacasen a Macri desde el minuto 1 pero alejados de la militancia kirchnerista. En esta nueva etapa, con Cristina Kirchner ordenando replegarse para “resistir con aguante”, los cuadros más ideologizados del periodismo militante no servían. Había que hablarle a la jubilada, a la ama de casa, al tachero y a los pibes y pibas del secundario.

Bajar a tierra. Repetir slogans como “Macri es hambre”, “un gobierno de ricos que gobierna para los ricos”, “los CEOS son insensibles” o lo que significaba para el Pueblo “las medidas neoliberales”. Una vez más, no importaba la realidad sino el relato.

Este texto pertenece capítulo II del libro “Érase una vez en Argentina” (Editorial Dunken). Su autor es el periodista Luis Gasulla.

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