Política

La Cámara de Diputados aprobó la creación de un centro cultural chino bajo la supervisión del gobierno de Xi Jinping

La Cámara de Diputados (NA) (MAXIMILIANO VERNAZZA/)

En un nuevo guiño hacia el presidente Xi Jinping, la Cámara de Diputados aprobó por ley la creación de un centro cultural que estará gestionado por el gobierno de República Popular de China. El proyecto se instalará en la Ciudad de Buenos Aires y “busca promover el intercambio cultural, la cooperación entre los dos países y la cooperación mutua”.

La novedad legislativa es un paso adelante en una relación de cooperación entre China y Argentina cada vez más afianzada. La iniciativa se remonta desde la presidencia de Mauricio Macri, quien suscribió a un acuerdo con Beijing en mayo de 2017 para el establecimiento del proyecto cultural. El texto lleva las firmas del propio Macri, su ex jefe de Gabinete, Marcos Peña y el saliente canciller Jorge Faurie.

Los centros culturales a cargo del gobierno de Xi Jinping son una realidad en todo el mundo y en América Latina. Llevan el nombre de Instituto Confucio (IC), en reconocimiento al pensador de la etnia han que vivió en los años 551-479 a.C. En Argentina ya funcionan tres centros de divulgación. El último fue inaugurado en octubre pasado en el ámbito de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Los otros dos tienen su sede en la Universidad de La Plata (UNLP) y la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Como toda potencia con pretensión hegemónica, los IC forman parte del soft power cultural que llevan adelante las naciones dominantes del tablero global. En este caso, los centros cuentan con financiamiento estatal chino y responden al ministerio de Educación de Xi Jinping.

“Las funciones del centro serán organizar actividades culturales diversas en consonancia con sus objetivos, promover el idioma, la cultura y las artes de la República Popular China, a través de la realización de distintas actividades educativas y crear bibliotecas, salas de lectura y de proyección en las instalaciones”, señala el texto del convenio bilateral.

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La última conversación que mantuvo Alberto Fernández con el presidente Xi Jinping (Presidencia)

Desde 2004, con el período gubernamental de Hu Jintao, los institutos formaron parte de una política exterior cultural más vasta que hizo foco en el “desarrollo pacífico de China” y en el concepto de “mundo armonioso”, una idea inspirada en Confucio. La doctrina buscaba eliminar las suspicacias en torno al auge de China en el mundo.

Los Instituto Confucio y la geopolítica

Como es previsible, este tipo de proyectos como los IC pretenden achicar las diferencias culturales entre China y el resto de los países. Lo que se propone es levantar las trabas idiomáticas y culturales que pueden impedir el desarrollo de negocios e intercambios sociales con Beijing. Sin embargo, la curiosidad de los institutos auspiciados por el Partido Comunista Chino (PCch) radica en que son foco de controversia en el marco de la pulseada geopolítica entre China y los Estados Unidos.

Desde Washington, el gobierno de Donald Trump junto a otros países aliados acusaron a las autoridades de los Institutos Confucio de “espionaje” y “propaganda comunista”. En la administración republicana, el Departamento de Estado llegó a declarar, con retórica conservadora, que los 90 institutos que funcionan en el suelo norteamericano son centros de “campaña de influencia maligna de Beijing".

A esas sospechas se sumó Human Rights Watch, que en su informe de 2019 apuntó que los Institutos Confucio “son extensiones del gobierno chino que censuran ciertos temas y perspectivas en los materiales del curso por motivos políticos y utilizan prácticas de contratación que tienen en cuenta la lealtad política”. Desde la diplomacia china niegan ese tipo de maniobras y acusan a Estados de Unidos de “demonizar, estigmatizar y politizar” proyectos que sólo buscan profundizar los lazos entre los países.

La normativa aprobada por el Congreso fija algunas condiciones estrictas para la contratación del personal del centro cultural chino. Parte de los empleados será integrado por nacionales chinos con pasaporte, cuya información deberá ser suministrada a las autoridades argentinas.

El presidente de China, Xi Jinping (EFE)
El presidente de China, Xi Jinping (EFE) (EFEM0297/)

“El personal del Centro designado por China estará sujeto a las leyes laborales y de seguridad social de China. El resto del personal contratado (…) deberá ajustarse a las leyes y reglamentaciones laborales y de seguridad social de Argentina”, sostiene el artículo X del convenio.

Uno de los casos más relevantes de la escalada diplomática contra los IC ocurrió en Bélgica, en la Vrije Universiteit Brussel. Allí, se ordenó el cierre del instituto chino tras detectar que su ex director, Song Xinning, realizaba tareas de inteligencia para China. Las autoridades europeas habían quitado su visa Schengen durante un plazo de ocho años, lo que le impedía su ingreso al bloque de la Unión Europea (UE). Finalmente, el profesor ganó el juicio, pero varios institutos fueron cerrados.

El mismo derrotero sufrieron convenios en universidades norteamericanas como Pensilvania y Chicago, y centros de Australia, Dinamarca, Francia y Suecia. A pesar de las críticas, el gobierno chino pudo crear 541 institutos en 162 países, junto con 1193 “aulas Confucio” en escuelas primarias y secundarias. Las actividades ofrecidas alcanzan la caligrafía, la danza y cocina china hasta tai chi, ópera china, medicina tradicional y becas de intercambio.

En Argentina, las críticas a la creación de los Institutos Confucio son minoritarias y reducidas al ámbito especializado.

En su libro “Historia de las Relaciones Internacionales entre Argentina y China”, el investigador del Conicet, Eduardo Daniel Oviedo, alertó por la pérdida de autonomía universitaria ante la suscripción de este tipo de convenios con casas de estudios nacionales y la desigualdad que implica con otros institutos oficiales extranjeros como la Alianza Francesa, Dante Alighieri, Goethe o el Instituto Cultural Argentino Norteamericano, entre otros. La asimetría se observa en algunos beneficios como la exención de derechos de importación e incentivos para la radicación de los docentes y sus familias.

El proyecto de ley que sancionó la Cámara de Diputados es un nuevo acercamiento en la alianza estratégica con Xi Jinping. El consenso político atraviesa a gestiones tan distintas como las de Mauricio Macri y Alberto Fernández y viene con la unanimidad del Senado, con 70 votos a favor. En la Casa Rosada, desde hace meses evalúan dar un salto cualitativo en la relación para incorporarse a la iniciativa global china “One Belt, One Road” (La Franja y la Ruta) con la venia de la vicepresidente Cristina Kirchner.

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