Economía

Evadir la tarea

Una bandera flamea sobre la Casa Rosada (REUTERS/Carlos García Rawlins) (CARLOS GARCIA RAWLINS/)

No hay accidentes, casualidades ni magia: los sistemas obtienen los resultados que están diseñados para obtener. La Argentina se empobrece (relativamente) hace décadas porque está diseñada para eso, para que haya cada vez más pobres y para que sea cada vez más difícil crear valor en el país. Los responsables somos nosotros.

Al reconocer que el problema es sistémico se evita la tentación de buscar un chivo expiatorio, del estilo: “la culpa fue de…” (se puede completar la frase con el grupo social deseado, en función de la mirada ideológica: los peronistas, Cristina, Macri, los empresarios, los sindicalistas, los militares, los radicales o Alberto, que nadie sabe muy bien cómo rotular). Hay responsables, sí, pero no hay un solo grupo político ni un sector social en particular que sea el único culpable de la decadencia del país.

Cambiar duele. Lo sabe la persona que tuvo un problema cardíaco y que tiene que cambiar sus hábitos alimenticios, moderarse en las reuniones sociales, dejar el cigarrillo y tener una vida más activa. Incluso cuando la opción es la propia muerte hay gente que no puede cambiar. A los sistemas sociales les pasa lo mismo. Si estamos decayendo, ¿por qué no cambiamos? Porque hay muchos sectores sociales a los que este equilibrio disfuncional los beneficia. Y esos sectores se oponen a los cambios necesarios para que el conjunto de la sociedad esté mejor.

Hay responsables, pero no hay un solo grupo político ni un sector social en particular que sea el único culpable de la decadencia del país

¿Quiénes ganan con el statu quo? ¿Quién puede ganar a costa del empobrecimiento de la sociedad y de una carga impositiva que aplasta la iniciativa privada? Varios. Algunos ejemplos: ganaron las provincias, que a pesar del déficit fiscal siguen contratando gente como si fueran un emprendimiento exitoso; ganan los empresarios “expertos en mercados regulados” (y demás eufemismos para no decir cómplices del poder de turno); ganan los movimientos sociales, que ven incrementado su poder de movilización (y recaudación) cuanta más gente trabaja en el ámbito informal; ganan los sindicatos, cuyas reglas de juego nunca cambian; gana el gobierno, que no se ajustó un peso en salarios durante los 9 meses de cuarentena. Y así podríamos continuar por páginas y páginas, recordando que el problema no es sólo del ejecutivo: la biblioteca del Congreso tiene más empleados que la Biblioteca Nacional de Londres y hay 70 empleados legislativos por Senador nacional; o que en el poder judicial nadie paga ganancias y hay empleados que cumplen funciones de chofer y ganan más que el presidente de la nación. Definitivamente, hay ganadores. El problema es que son muy poquitos y lo hacen a costa de la mayoría del pueblo argentino.

Gobernar, por tanto, implica ser capaz de frustrar las expectativas de diferentes sectores sociales para hacer los cambios que hay que hacer. Resolver los problemas del país requiere ponerlos en la mesa y abordarlos. La tarea no sólo es compleja, sino también dolorosa. Por eso, muchos gobernantes evitan la tarea. Tienen miedo de parecer antipáticos, impopulares o malos. Estos malos gobernantes no gobiernan: ganan tiempo, “van viendo” y son talibanes del presente. Le tienen miedo a la tarea, eminentemente política, de gobernar. El 2020 demostró que si los objetivos son claros y honestos, hay amplios sectores sociales dispuestos a hacer sacrificios y a acompañar los cambios. Pero no gobiernan, ni siquiera con esa evidencia.

Mientras el tiempo pasa y no vuelve, la gran mayoría de los argentinos seguimos mirando el espectáculo horroroso de la decadencia del país, que clama dolorosamente que se hagan cargo y gobiernen

Cualquiera puede distribuir la abundancia, el problema es administrar la escasez. “Que el ajuste lo haga el próximo” y que el último ni siquiera apague la luz, que está subsidiada con tarifa congelada. ¿Para qué ganamos tiempo en el acuerdo conseguido con los bonistas del exterior si no estamos encarrilando la economía para ser capaces de pagar nuestra deuda? Y surge el rarísimo verbo de “procrastinar”, que de manera perversa subvierte el refrán de la sabiduría popular para decir: “no hagas hoy lo que podés hacer mañana”. ¿Y mañana? Vemos.

Evadir la tarea es no poner los problemas en la mesa. No hablemos de la pobreza ni del cierre de pymes. No hablemos de las industrias que hicimos inviables a través de impuestos imposibles. Ni hablemos de los milagros industriales que sólo existen en nuestro país, por regímenes especiales para amigos del poder. No hablemos del gasto ineficiente del estado, ni del ausentismo estatal o docente. No hablemos del impacto de un año sin clases pero con casinos abiertos. ¿Todavía hay dudas sobre quiénes ganan con este equilibrio disfuncional llamado Argentina? No hablemos de nada.

Evadir la tarea es que no cambie nada. “Equipo que gana, no se toca”, el problema es que este equipo no araña ni un empate. No sólo son “funcionarios que no funcionan” que “tienen miedo de buscarse otro laburo”, sino que ni siquiera separan del cargo a los que malversan los bienes públicos, como Victoria Donda, que reparte planes y cargos confundiendo lo que es de todos con lo propio. Cuando hacía campaña diciendo “vamos a portarnos mal” nadie pensaba que lo decía porque no le pagaba a la empleada (mujer, inmigrante y mayor, todas las vulnerabilidades por las que debería ser cuidada por el INADI).

Cualquiera puede distribuir la abundancia, el problema es administrar la escasez. “Que el ajuste lo haga el próximo” y que el último ni siquiera apague la luz, que está subsidiada con tarifa congelada

Evadir la tarea es distraerse con una agenda repleta de temas que no le cambian la vida a nadie. Evadir la tarea es no hacer los cambios de fondo. Evadir la tarea es congelar todo “para que no haya inflación”, como si se pudiera fijar precio y cantidad al mismo tiempo. Evadir la tarea es no haber aprendido nada después de 70 años de decadencia. Evadir la tarea es no convocar al diálogo y radicalizarse, pensando que la única solución posible la tengo yo. Evadir la tarea es atacar a quienes proponen una mirada diferente. Evadir la tarea es privilegiar el corto plazo de un resultado electoral sobre el desarrollo del país.

Abordar la tarea implica convocar a todos los sectores políticos y sociales para lograr un consenso que se pueda mantener en el tiempo, generando reglas claras y duraderas. Todos van a tener que ceder cosas para que el nuevo equilibrio genere beneficios: menos pobreza, más inclusión, más generación de riqueza, más progreso, etc. No hay un solo responsable ni chivo expiatorio, como tampoco hay un Mesías salvador. O salimos todos juntos o no salimos. Pero la primera responsabilidad la tiene quien está transitoriamente a cargo del poder: quien tiene la autoridad. Cristina no pudo convocar a nadie. Macri, tampoco. Alberto viene muy mal. Mientras el tiempo pasa y no vuelve, la gran mayoría de los argentinos seguimos mirando el espectáculo horroroso de la decadencia del país, que clama dolorosamente que se hagan cargo y gobiernen. Dejen de evitar lo que tienen que hacer y, por favor, gobiernen.

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