Durante décadas, la comunidad científica consideró que el clima cálido del África subsahariana impedía la conservación del ADN antiguo en África, condenando así a la región a un vacío en la historia genética. Mientras en Siberia y el norte de Europa se recuperaban restos genéticos de cientos de miles de años, la rápida degradación causada por el calor parecía una barrera para la investigación en África, según concluye el estudio publicado en Quaternary Science Reviews.
Esta idea se convirtió en una limitación asumida casi como una ley natural: recuperar material genético antiguo en el continente africano era visto como algo prácticamente imposible.
La base de estas creencias se apoyaba en la experiencia acumulada por décadas de investigación, pero nunca había sido puesta a prueba de forma sistemática en los yacimientos adecuados. La pregunta central: si la imposibilidad de encontrar ADN antiguo en África era un hecho absoluto o solo el resultado de no haber buscado en los lugares correctos.

Este nuevo trabajo, liderado por la Universidad de Copenhague en colaboración con instituciones sudafricanas y canadienses, desafía la visión tradicional y demuestra que, bajo ciertas condiciones, el material genético puede conservarse durante decenas de miles de años incluso en ambientes cálidos.
El hallazgo consistió en la recuperación de ADN de un diente perteneciente a un rebeco de montaña (Redunca fulvorufula), un tipo de antílope que habita actualmente distintas regiones de África.
La antigüedad estimada de este fósil ronda los 50.000 años, lo que lo convierte en el material genético más antiguo obtenido hasta ahora en el África subsahariana. Este hallazgo no solo representa un dato cronológico: abre la posibilidad de reconstruir la historia natural del continente a partir de restos que hasta ahora se creían inútiles para la genética.

La obtención del ADN de un animal tan antiguo en un clima cálido demuestra que la conservación genética depende de múltiples factores, y que la región africana podría ofrecer nuevas oportunidades para entender la evolución de especies que habitaron el continente durante decenas de miles de años. El ADN recuperado fue sometido a procedimientos bioinformáticos para eliminar contaminación moderna. Esto muestra un protocolo que refuerza la validez del resultado.
El estudio se propuso no buscar un fósil excepcional, sino comprobar de manera sistemática hasta dónde llegaba realmente la conservación del ADN y el colágeno en distintos yacimientos de Sudáfrica, especialmente asociados a la antigua llanura de Paleo-Agulhas. Para ello, los investigadores reunieron 320 fósiles, en su mayoría dientes de seis especies diferentes de bóvidos, procedentes de seis enclaves arqueológicos y paleontológicos.
Cada fósil fue digitalizado mediante fotografías, modelos tridimensionales y registros de acceso público antes de la extracción de muestras, con el fin de preservar la información morfológica para futuras investigaciones. Posteriormente, se analizaron fragmentos de los fósiles en laboratorio para buscar material genético y proteína de colágeno.

De los 144 fósiles examinados para detección de ADN, aproximadamente un 45% presentaba material genético identificable. En paralelo, el colágeno fue detectado en el 35% de los 54 ejemplares analizados para esta proteína. La mayoría de los resultados positivos correspondían a animales del Holoceno, con menos de 11.700 años de antigüedad, lo que era esperado, pero cuatro fósiles mucho más antiguos también ofrecieron ADN real.
Tres de esos fósiles pertenecían al extinto búfalo de largos cuernos (Syncerus antiquus), desaparecido al final del Pleistoceno, mientras que el cuarto correspondía al rebeco africano de montaña. El hecho de que se recuperara ADN de un fósil de unos 50.000 años constituye un récord en la región y obliga a reconsiderar las posibilidades de investigación genética en África.

La edad del fósil resultó ser un factor decisivo en la conservación del material genético y el colágeno, pero el lugar donde permanecieron enterrados también influyó de forma significativa. Dos fósiles con edades similares podían mostrar niveles de conservación muy distintos dependiendo del microclima de la cueva, la humedad, la estabilidad térmica y las propiedades químicas del sedimento.
El estudio encontró que la conservación del colágeno era un buen indicador de la preservación del ADN: si un fósil mantenía bien esta proteína, era más probable que también conservara material genético aprovechable. Además, la comparación entre técnicas de laboratorio reveló que las bibliotecas de ADN monocatenario recuperaron hasta 6,7 veces más material original que los métodos de doble cadena en muestras muy degradadas, una diferencia clave para la paleogenómica africana.

El hallazgo no implica que sea posible secuenciar ADN de especies africanas de hace un millón de años, ya que las condiciones climáticas siguen imponiendo límites estrictos. Sin embargo, modifica por completo el enfoque de la investigación genética en el continente: muchas piezas que antes se descartaban por considerarse irrecuperables ahora se presentan como potenciales fuentes de información.
Esta nueva perspectiva permitirá reconstruir con mayor precisión el devenir de las poblaciones animales durante la última glaciación y los cambios evolutivos en especies africanas, así como la respuesta de los ecosistemas a grandes transformaciones climáticas. También surge una posibilidad para futuras investigaciones sobre la evolución humana en uno de los territorios clave para entender el origen y la diversidad de nuestra especie.