Los restos de Hailey Athay fueron hallados en una zona remota de Kelso, Washington, más de un año después de su desaparición, según confirmó la Oficina del Sheriff del Condado de Cowlitz el miércoles.
El hallazgo, realizado por dos excursionistas el pasado domingo, incluyó huesos humanos y una prenda de vestir, localizados en las profundidades del bosque cerca de la frontera con Oregón.
El descubrimiento se produjo cuando uno de los excursionistas, tras identificar los indicios, guió a las autoridades hasta el lugar exacto. De acuerdo con el comunicado oficial, en el sitio se recuperaron restos óseos casi completos, ropa y varios objetos personales que luego fueron analizados como posibles pruebas vinculadas a la desaparición de Athay.
Un antropólogo forense, consultado por la policía tras recibir fotografías enviadas por los excursionistas, confirmó que los restos correspondían a un ser humano. Posteriormente, el cráneo fue trasladado a un laboratorio forense, donde los expertos confirmaron que pertenecía a Hailey Athay.
La desaparición de Hailey Athay, quien tenía 33 años y era madre de tres hijos, ocurrió antes del Día de Acción de Gracias de 2024. La última vez que fue vista, se encontraba en una tienda donde realizó una llamada telefónica a su madre, Nicole Brooks.
La familia denunció la desaparición en enero de 2025, poco más de un mes después de la última comunicación. Según la cobertura de Fox 13 Seattle, la madre detalló que Athay estaba acompañada por un hombre cuyo nombre desconocía y que le mencionó su intención de ir a recolectar setas, información que la propia Athay habría compartido también con una amiga cercana.
Las autoridades del Condado de Cowlitz señalaron que el área donde se localizaron los restos ya había sido identificada como «área de interés» durante la investigación, aunque hasta la intervención casual de los excursionistas no se habían encontrado pruebas o evidencias concretas que permitieran avanzar en el caso.
En el contexto de la investigación, la Oficina del Sheriff del Condado de Cowlitz precisó que los objetos personales hallados junto a los restos facilitaron la identificación preliminar, aunque fue el análisis forense el que permitió establecer con certeza la identidad de la víctima.
La recuperación de los restos y pertenencias ha abierto nuevas líneas de investigación en torno a las circunstancias de la desaparición y muerte de Athay.

El proceso de localización de los restos comenzó cuando dos excursionistas, al transitar por una zona boscosa de difícil acceso en Kelso, encontraron fragmentos óseos junto a una prenda de vestir. Uno de ellos tomó fotografías y las envió a la policía local, que consultó a un antropólogo forense para determinar la naturaleza del hallazgo.
El especialista confirmó que se trataba de huesos humanos, lo que motivó un despliegue de las autoridades en el área.
Tras la recuperación del cráneo y los restos óseos, el material fue remitido a un laboratorio forense especializado, donde se realizó la comparación de registros dentales.
De este modo, se confirmó que los restos pertenecían a Hailey Athay, cerrando así una de las incógnitas centrales del caso y proporcionando a la familia una respuesta tras más de un año de incertidumbre.
Este procedimiento, habitual en desapariciones prolongadas, permite validar la identidad cuando otros métodos, como el reconocimiento visual, resultan imposibles debido al avanzado estado de descomposición. La intervención de expertos forenses resulta determinante en estos casos para garantizar la rigurosidad del proceso y la validez de las pruebas obtenidas.

La investigación sobre la desaparición de Hailey Athay se vio marcada por la ausencia de testigos presenciales y la falta de pistas inmediatas. El reporte oficial indica que Athay fue vista por última vez en una tienda del área, donde realizó una llamada telefónica a su madre.
Nicole Brooks informó a las autoridades que la conversación fue breve y que, según el relato de Athay, planeaba salir a buscar setas con un hombre que no formaba parte de su círculo habitual.
La denuncia formal de desaparición fue presentada en enero de 2025, poco más de un mes después del último contacto. Durante ese periodo, la familia y las autoridades intentaron reconstruir los movimientos de Athay, pero la ausencia de datos concretos dificultó la labor de los investigadores.
La zona donde finalmente se hallaron los restos había sido catalogada como relevante para la pesquisa, aunque los esfuerzos iniciales de búsqueda no arrojaron resultados.
El caso refleja los obstáculos que pueden presentarse en investigaciones de